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Edición Nº 7,531
Viernes 24 de mayo de 2019
Viernes 24 de mayo de 2019 - Río Grande, Tierra del Fuego - Argentina

Carta del Lector publicada por nuestro medio en el año 2002
Sobre el hundimiento del Remolcador A.R.A. Guaraní
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Sobre el hundimiento del Remolcador A.R.A. Guaraní
Pittsburgh, 5 de marzo de 2002

Sr. Néstor Alberto Centurión
Director Diario Provincia 23
Tierra del Fuego - Argentina

Estimado Sr. Centurión:

Hace ya tiempo que tenía pensado comunicarme con Ud. para corregir varios (e importantes) errores en la nota que el diario bajo su dirección publicó el viernes 13 de octubre de 2000, titulada "42º Aniversario del Hundimiento del Remolcador de la Armada Argentina A.R.A. GUARANI", y a la que tuve acceso por una de esas casualidades de la vida. Por una razón u otra, he ido postergando el momento de hacerlo, hasta que una carta a los lectores publicada en la edición de ayer de LA NACION, firmada por el Almirante (R) Horacio Zaratiegui, me impulsó a no esperar más. El Comandante del trágicamente desaparecido "Guaraní" era el hermano del Almirante Zaratiegui.
Tanto él como la comunidad de Ushuaia merecen saber la triste verdad sobre este amargo episodio.
Durante el año 1958 yo era Teniente de Corbeta y comandé el Destacamento Naval "Almirante Brown", en Bahía Paraíso, Antártida Argentina. Mi íntimo amigo y compañero de promoción Luis Ventimiglia comandaba al mismo tiempo el Destacamento Naval "Melchior", con el que yo estaba en frecuente contacto radioeléctrico. En mayo de ese año, el Teniente Ventimiglia sufrió un ataque de apendicitis, y el médico del Destacamento trató de contener la inflamación con antibióticos. La escasa provisión de antibióticos de que disponía duró poco, y el médico se vio obligado a intervenir al paciente quirúrgicamente. La operación en sí parece haber procedido exitosamente, pero mientras el médico suturaba la incisión, el Teniente Ventimiglia sufrió un paro respiratorio seguido por un paro cardíaco. Todos los esfuerzos para revivirlo fueron en vano. Las causas de este desenlace nunca fueron claras.
Obviamente, la falta de un quirófano bien equipado y de personal idóneo (enfermeros, anestesistas, etc.) ha sido tal vez la causa principal. Otra posibilidad puede haber sido el pentotal utilizado, ya que en esa época se hablaba de la existencia de lotes de pentotal que habían producido varias muertes. Sea por lo que fuese, el cuerpo del Teniente Ventimiglia fue depositado en un glaciar cercano, en espera de los buques de relevo que llegarían muchos meses después. El médico quedó a cargo del Destacamento por el resto del año.
A fines de septiembre o principios de octubre, el cocinero del Destacamento Melchior, Cabo Mario Oliva, presentó síntomas que parecían indicar la presencia de apendicitis. La situación se tornó angustiosa para toda la dotación del Destacamento, no sólo por lo que habían pasado pocos meses antes, sino porque además carecían de antibióticos para poder tratar al paciente. Obviamente, el médico descartaba una intervención quirúrgica en esas condiciones. Fue entonces que decidió pedir auxilio al Ministerio de Marina, solicitando que le enviaran antibióticos y otros medicamentos por avión, que serían lanzados por paracaídas sobre la Isla Melchior. El Ministerio de Marina aprobó el pedido y pidió a la Base Naval Ushuaia que se preparara a apostar una nave en el Estrecho de Drake para dar apoyo meteorológico al avión con los medicamentos. No sé si el "Guaraní" era el único navío que se encontraba en Ushuaia en ese momento, pero fue el que recibió la orden de partida. Por informaciones obtenidas personalmente un par de meses después cuando -rumbo de regreso a Buenos Aires-nuestro transporte naval hizo escala en Ushuaia, me enteré que en el momento de recibir la orden el Remolcador Guaraní se encontraba con sus máquinas en reparación. El Jefe de Máquinas hizo notar que en tales condiciones era peligroso emprender la travesía al Drake, pero su protesta fue desoída, presumiblemente por el Comandante de la Base Naval Ushuaia. También recuerdo que me dijeron que el Teniente Cabral había dejado una nota haciendo oficial su protesta sobre las condiciones en que se veía obligado a obedecer las órdenes recibidas.
Nadie sabe -ni sabrá- las razones verdaderas del hundimiento del Guaraní. Las tormentas en el Drake son feroces aún para grandes navíos, y obviamente el Guaraní se encontró con una de ellas durante su misión. Pero es muy fácil imaginar que el hundimiento puede haber sido provocado por un desperfecto en las máquinas, ya que al carecer de propulsión cualquier buque se pone de costado a la tormenta y es víctima de rolidos cada vez mayores que bien pueden haberlo dado vuelta en pocos instantes.

La gran ironía sobre todo esto la dan los dos puntos siguientes:
1) El Cabo Oliva no sufrió de apendicitis ni necesitó antibióticos ni intervención quirúrgica para reponerse. En pocas palabras: fue una falsa alarma provocada por una indisposición menor.
2) El cargamento que fue exitosamente lanzado por el avión "salvador" sobre la Isla Melchior no contenía antibióticos ni casi ninguno de los otros medicamentos y provisiones médicas solicitadas. En comunicación radioeléctrica conmigo, el médico de Melchior me dijo que le habían mandado "un montón de porquerías". Si la vida del Cabo Oliva hubiese dependido de los suministros enviados a costo de tantas otras vidas, hubiese aumentado el número de muertes atribuibles a esta triste tragedia.
Desde luego que no tengo pruebas para corroborar lo dicho más arriba. Sólo mi memoria, y el dolor que me causó la muerte de mi amigo, y la de otros valerosos oficiales de la Armada a quienes también conocía y apreciaba personalmente. El artículo publicado en su diario da una versión "políticamente correcta" de esa tragedia, donde sólo el destino parece ser el culpable. La verdad es otra, y aunque algunos de los responsables ya no estén en este mundo, es necesario hacerla saber como ejemplo de la incompetencia y falta de responsabilidad de los que provocaron este doloroso desenlace. En pocas palabras: los héroes del Guaraní murieron en vano...

NOTA PERSONAL: Yo dejé la Armada Argentina en octubre de 1962, y estoy radicado en EE.UU. desde diciembre de ese año.

Lo saluda Atentamente
Horacio Méndez






Provincia 23
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